
Se impuso la moda, en casi todos los estratos (!!!), de invitar a un sencillo acto social (piñata, primera comunión, matrimonio, grado) con una tarjeta que dice “lluvia de sobres”.
Nada más grosero que eso, quienes formulan esta clase de invitaciones juran que están “in” sin darse cuenta de que (ojo, sí va acá el "de que") están mostrando una pésima educación. Eso ya no es una tarjeta sino una boleta extorsiva, donde quien la recibe no sabe cuánto dinero estará bien o será presentable, dar.
No faltarán quienes digan que es mejor dar dinero que ponerse en la tarea de buscar un regalo acorde al presupuesto y al agasajado, es decir, que resulta más cómodo que el homenajeado se compre lo que quiera con la sumatoria de lo recibido en los sobres. Pues no, insisto que es mañé, corroncho, vulgar, de mal gusto, pedirle plata a la gente con el “inocente” expediente de una tarjeta de invitación. Suena eso como si quisieran que les pagáramos la fiesta, como si no tuvieran con qué, es, en resumidas cuentas, una “pelada de cobre”.
Así nos cataloguen de anticuados, pensamos que las buenas maneras son intemporales, siempre han existido, en todas las épocas; y no es lo mismo que a uno atrevidamente le pidan plata para una fiesta, a que uno demuestre el afecto o la consideración comprando y obsequiando algo, así sea un bocadillo veleño. Desde acá le doy un nó rotundo a esa clase de invitaciones, no recibo ninguna. Atrevidos!




