
Por alguna razón voy a una fiesta de jóvenes y luego de observar su comportamiento por largas horas, entiendo un poco mejor porqué se ve hoy tanto gay: no bailan en pareja (un hombre y una mujer) sino en grupo, así se ve mucho hombre exhibiéndoles a los otros sus habilidades para la cadencia; grupos de cuatro chicas bailando con un joven, al que parecieran darle clases de femineidad. Es más, me atrevería a resumir que en esa nueva “cultura urbana”, la tendencia es a afeminar al hombre, y buena parte de la culpa del fenómeno es atribuible a las mismas mujeres (después se quejan de que hay escasez de machos).
Así suene algo descomedido, pero eran mejores nuestros tiempos. Los jóvenes entonces bailábamos con una (una) mujer, la tomábamos firmemente de la cintura y de su mano izquierda y todos, todos – sin ser por eso depravados - vivíamos ansiosos del menor roce de su cara, apretón de manos, arrimada de sus senos, toquetoque de allá abajito, restregada en la entrepierna y demás tímidos avances que hacíamos en plan de conquista.
Los resultados de esta par de esquemas culturales vividos en estos importantes años de la etapa de formación de la personalidad de los jóvenes, son bien diferentes. En el nuestro, que bien podrán considerar ahora como “agropecuario”, era un hombre que valoraba y aprovechaba la oportunidad de tener cerca a una mujer y que en consecuencia siempre fue deseoso de ella, mientras que en el de ahora, llamado “urbano” a los chicos les da lo mismo bailar con ellas que con ellos, o solos. Estar o no estar con una mujer les da la misma vaina, se toma eso como un desarrollo social, cuando eso francamente no es más que incubar la mariquería.






