
Orlando Pelayo, el padre secuestrador y asesino de Luis Santiago - su propio hijo, un bebé de 11 meses -, no es el único hijo de puta de esta repugnante historia que hoy conmueve al país y avergüenza a la nación ante el mundo entero. También lo es la socia en el plagio Marta Lucía Rincón, quien fuera compañera sentimental del animal ese, igualmente lo es la mocita que actualmente tenía Pelayo – Edilma Sánchez Trujillo -, quien debe ser de la peor calaña si lo tenía “desesperado” porque la existencia de su hijo la incomodaba.
Lo triste es que la cadena de hp’s sigue con una mujer que pasó la noche entera llamando al padre López para informarle que ella tenía al niño con el fin de pedir unos pesitos (aún no se ha identificado a la mujer). No se explica nadie cómo la sociedad produce tantos engendros como esta gente. No parece válido decir que es una sociedad enferma por tanta violencia porque no se trata de un crimen con fines de venganza, es pura y simplemente malparidez en el alma, como dice Noemí Sanín. Quienes tenemos hijos no entendemos esto. El amor que uno les tiene es lo más grande que Dios nos puede dar, al punto de que ellos se ponen viejos – uno no – y todavía no los queremos destetar.
Un par de cosas son destacables de este terrible episodio: la efectividad del Gaula, que ya es reconocido internacionalmente como un cuerpo de investigación de las más altas calidades, y la reacción de la sociedad. Esa capacidad de conmoverse nos indica que no todo está perdido, hay esperanzas. No creo que hagan falta más casos de estos para que nuestros legisladores aprueben la pena de muerte para los secuestradores y violadores de menores.
PS: perdonen las malas palabras, no es lo usual en este blog, pero, como millones de colombianos, estoy emputado con tanto hp en Colombia.





